Un lugar de Cerdeña

El paisaje es de una belleza antigua, o así le parece al viajero que transita por la estrecha carretera que bordea el sotomonte y se abre, en algunas curvas, a un valle de prados verdes punteados por rocas y lejanas ovejas que parecen buscar el sol entre las sombras. Pero es en las hondonadas cuando el coche parece sumergirse en la tierra ondulada de Cerdeña, y se percibe entonces en mayor medida la esencia rural, casi mágica, del territorio. Unos apriscos se abren camino entre la pared de roca, como si quisieran robarle el espacio; en otras cuevas se almacenan balas de heno ante la atenta mirada de los rebaños y sus perros guardianes.

Así es el trayecto entre Ploaghe y Nulvi, en la provincia de Sassari, dictado por ese azar moderno y relativo que proporciona la navegación por satélite, que te guía con certeza por atajos y carreteras que quizá nunca hubieras transitado.

A poca distancia de Nulvi, después de atravesar la estrecha calle que cruza el pueblo, se ve a lo lejos una colina coronada por una ermita. El viajero no tarda en encontrarse un cruce de caminos indicado por una señal metálica y vetusta que apenas puede aguantar los envites del viento. De manera concisa, este letrero inclinado indica el camino que lleva a la ermita, conocida como la Madonna di Monte Alma.


Los lectores de este blog quizá sepan que mi primera novela se titula, precisamente, Monte Alma. Se trata, eso sí, de una casualidad, ya que el lugar que aparece en la novela es una pequeña cordillera situada junto al Danubio, en la actual Serbia. Su nombre en tiempos de la antigua Roma era Mons Alma, pero ahora se la conoce como Fruška Gora.

La coincidencia de los topónimos me trajo a este rincón de Cerdeña, aunque fuera solo para echar un vistazo y hacer la correspondiente foto. Monte Alma (la novela) fue publicada en 2016 y está actualemente descatalogada, ya que la editorial que la publicó echó el cierre hace poco, siguiendo un destino habitual para las editoriales pequeñas que intentan, con su buen trabajo y su aporte de calidad, sobrevivir en al arduo mundo de la edición (enlace a la noticia). Espero que algún día Monte Alma vuelva a ser publicada por alguna editorial.

Mientras tanto, bienvenidos sean estos viajes que se adentran en la historia y van al corazón de mi creación literaria. ¿Qué haría yo sin ellos?