Porfirogénitos. Relato breve.



PORFIROGÉNITOS
 
Autor: Tadeus Calinca

 Año 1002

Los gritos, los gritos, ¡tantos gritos! Los gritos recorren como un rayo los laberínticos pasadizos, rebotan sobre el mármol de las paredes y se cuelan en las estancias de palacio alcanzando los rincones más remotos, los triclinios, los atrios y capillas. Llegarán sin duda a oídos del prepósito y otros insignes personajes, del magistros y los guardianes, de los spatharios o protospatharios, de los ayudantes de cámara, los vestiarios, silenciarios y chartularios, de los parakoimomenos, cubicularios, primikerios o pinkernes, de todos y cada uno de los funcionarios y oficiales que pueblan el vasto palacio, ya sean eunucos o 'barbudos'. ¿Qué tardarán todos ellos en fruncir el ceño y acudir raudos a la fuente de tanto alarido?
―¡Venga, Irene, levántate! ―le dice su compañera, mientras la estira con ahínco de una pierna.
―¡No puedo!
―¡Vamos, arriba!
―¡No puedo! ¡Viene otro!
―¿Cómo dices?
La cabeza del segundo bebé asoma entre las piernas de la parturienta. Su compañera, esclava como ella, no sale de su asombro. Tenía la esperanza de que podrían salir de tan noble lugar con el niño en brazos y correr hacia las cocinas de palacio antes de que se descubriera tan inesperado acontecimiento. Tendrían el tiempo justo para borrar las manchas e inventar alguna excusa para tantos gritos. Pero la llegada del segundo niño, con sus propios berreos y su propia sangre, desbarata cualquier intento de disimulo.
"¿No había otro lugar para parir a estos gemelos?", se pregunta a sí misma la esclava mientras observa, impotente, cómo la segunda criatura lucha por abrirse paso hacia la luz. Tenía que ser aquí, en el lugar más augusto del inmenso palacio, en esta Sala que llaman de Pórfido por tener sus paredes y su suelo cubiertos de ese majestuoso material, tan raro, tan estimado por los emperadores, en este lugar reservado a las mujeres de la casa imperial, al que acuden para dar a luz a sus hijos, que nacen así rodeados de esa aura de grandeza que les da la púrpura. Es por ello que reciben el nombre de 'porfirogénitos', el más noble de los epítetos.
―¡Venga, Irene, un esfuerzo más! ―exclama con escaso entusiasmo, intentando convencerse de que aún es posible la huida.
La parturienta pone todo su empeño en acelerar el parto, consciente de las prisas, de su mala suerte, de esa extraña voluntad divina que ha querido que sea aquí donde sus dos gemelos vengan al mundo.
—Es una niña, Irene, mírala.
En el rostro de la joven madre se dibuja un esbozo de sonrisa mientras alarga los temblorosos brazos y acoge en su seno a la recién nacida, que no tarda en imitar al primogénito, que mama en silencio. "¿Qué hacer ahora?", se pregunta Irene, exhausta por el esfuerzo, sintiendo cómo los labios tiernos de los gemelos succionan con ansia sus pezones inexpertos. ¿Qué va a ser de todos ellos, de esta nueva familia nacida por casualidad en tan reservado lugar? ¿Qué pensará el emperador Basilio, aún sin hijos? ¿O su hermano Constantino, al que han nacido sólo hembras? ¿No pensarán acaso que esto es una provocación, una señal divina en su contra, un posible peligro para su dinastía? ¿No verán en estos accidentales porfirogénitos un desafío, una burla del destino? Irene mira a sus hijos en ese brevísimo momento de pausa que le permiten las circunstancias. Teme las posibles consecuencias de su infortunio, teme represalias nunca antes vistas ante hechos tan insólitos. Los niños, mientras tanto, hacen lo único que saben hacer: mamar sin pausa, clavar sus deditos en el pecho, mirar fijamente a los ojos de su madre. ¿Qué se preguntan mientras tanto? ¿Se hacen acaso alguna pregunta?
 Se oyen pasos provenientes del pasillo. La compañera de Irene, de pie frente a la parturienta, deja caer los brazos. Ya nada puede ocultar los hechos. Nadie las creerá cuando les digan que todo ha sido un accidente, que habían entrado allí, como cada mañana, a lavar las augustas piedras, a sacar brillo al pórfido, a dar lustre a los candiles, y que una vez en el centro de la sala su compañera Irene se ha echado en el suelo incapaz de detener el torrente de su propia naturaleza.
―¿Qué está ocurriendo aquí? —exclama una voz desde el umbral de la Sala— ¿Qué es todo esto?
Quien así habla es Mauricio, el prepósito, al que acompañan algunos eunucos de menor rango. Todos ellos miran atónitos la inesperada escena. Por suerte para las esclavas, a estas horas el emperador y gran parte de su séquito están de camino a Santa Sofía, y quizá en medio de las aclamaciones y los cánticos les haya resultado imposible escuchar los alaridos procedentes del parto. A Mauricio, uno de los eunucos principales, le hubiera encantado estar allí, junto a la pompa imperial, ver de cerca al Patriarca de Constantinopla, aspirar las sagradas fragancias y lucir con orgullo su pomposo título de praepositus sacri cubiculi, que tan a menudo gusta de recordar a sus subordinados.
—Esa mancha, limpiadla ―dice sin apenas levantar la voz—. Que no quede ni rastro.
Los eunucos, atentos a sus órdenes, deseosos también ellos de ascender en el complejo escalafón de palacio, obedecen de inmediato.
—Y vosotras ―dice a las esclavas sin apenas mirarlas—, salid de aquí ahora mismo.
Las mujeres envuelven con cuidado a los recién nacidos en un improvisado manto y se encaminan a la puerta. Los lacayos, mientras tanto, se afanan en fregar una y otra vez el suelo, borrando el más mínimo rastro de sangre. No les hace falta recibir órdenes precisas, pues saben que este es un lugar necesariamente impoluto, inmaculado, como esa cálida celda, ese lugar protegido y oculto en el centro mismo de las colmenas.
Las esclavas salen por fin al pasillo. Irene, que no ha recuperado del todo sus fuerzas, se apoya aún en el brazo de su amiga. Caminan juntas, en silencio, dejando atrás la púrpura de ese noble lugar que les es tan ajeno. ¿Hacia dónde caminan exactamente? ¿Qué suerte les espera a estos niños que acaban de nacer, a estos porfirogénitos por cuyas venas no corre sangre augusta, sino de siervos? ¿Quién pondrá freno a los rumores en este palacio imperial que tanto ama los rumores? ¿Guardarán el secreto los eunucos, tan amigos de las intrigas, tan interesados en los juegos de poder, en las disputas dinásticas y los equilibrios imposibles? Los recién nacidos, niño y niña, avanzan en brazos de su madre. Tienen la piel sonrosada y sus ojos, bien abiertos, brillan llenos de vida.


© Tadeus Calinca. 2016
Todos los derechos reservados
Nº de R.P.I: V-328-16

Monte Alma

Si todo va bien, mi primera novela aparecerá publicada en los próximos meses, quizá semanas. De momento, deciros que está escrita en castellano, que va de romanos (del inestable siglo III), y que se titula Monte Alma. Y podéis estar tranquilos: no es el típico tocho de mil páginas, ni mucho menos.

Seguiré informando.


El nom de Phoëbon

Eren els anys noranta i tenia al cap escriure un monòleg per al qual encara no tenia títol. Vaig acudir llavors a El libro de los seres imaginarios, de Jorge Luis Borges, en busca d'inspiració, i allà, entre tants i tants noms de tall poètic o monstruós en vaig trobar un parell acabats en "-on" la sonoritat dels quals em va agradar. Hui, retornat al llibre, els rememore: per una banda Fastitocalon, procedent d'un bestiari medieval; per altra el Mirmecoleon, d'origen aràbic. Crec recordar que aquests noms em van inspirar, en certa manera, el de Phoëbon.


Chantal Akerman

En octubre del año pasado fallecía la cineasta belga Chantal Akerman, cuyo nombre me era desconocido hasta hace semana y media, cuando oí hablar de su obra cumbre, Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), película de más de tres horas de duración que me planteé ver como uno de esos retos, diciéndome a mí mismo: "a ver si logro llegar al final". Pues bien, después de verla hasta el final me doy cuenta de que, como muchos apuntan, es una verdadera obra de arte. También se ha apuntado alguna vez que es la primera obra maestra cinematográfica dirigida por una mujer, lo cual también merece una reflexión.
El cine de Akerman es sin duda personalísimo, vanguardista y experimental. Su primer corto, Saute ma ville (1968), que vi ayer en YouTube, bebe del cine experimental norteamericano, incluso me atrevería a decir, también, de esas Margaritas (1966) de la checa Vera Chytlova, otro referente en el mundo de las directoras de cine. En Jeanne Dielman percibo quizá la influencia de Rainer Maria Fassbinder, lo cual tampoco es de extrañar dada la época. El tratamiento estético y existencial de la protagonista tiene algo de esas mujeres tan particulares que retrató Fassbinder en películas como Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972). Los años setenta me tocan en lo personal, de ahí que sienta cierta predilección por películas hechas en aquellos tiempos con ganas de romper moldes. Jeanne Dielman rompe algún que otro molde. La recomiendo vivamente. Entre otras cosas, también, por la magistral interpretación de la actriz Delphine Seyrig en el papel principal.


Estrena d'Hipnosi

El dia 14 de juliol s'estrena a Barcelona Hipnosi, una peça curta que vaig escriure fa uns quants anys. Serà a la sala Teatre de l'Enjòlit, dins de l'anomenada Festa d'Estiu. El muntatge està dirigit per Elies Barberà i interpretat per les actrius Marina Busain i Núria Vilahur.

No cal dir que estic encantat amb la notícia.


Limes Germanicus

Tiene 30 etapas en 550 km de recorrido y no es el Camino de Santiago, aunque puede recorrerse a la manera del peregrino romano. En Alemania lo llaman Limeswanderweg, la ruta del Limes, que recorre lo que en época del Imperio Romano fue una línea fuertemente fortificada que enlazaba el Danubio con el Rin y defendía al Imperio de la amenaza bárbara. No en vano limes significa 'límite' o 'frontera' en latín.


Lo cierto es que el propio Limes, con sus majestuosas fortificaciones y murallas, no sobrevivió hasta más allá de la segunda mitad del siglo III, cuando el Imperio, acuciado por el impulso de los bárbaros, tuvo que replegar sus fronteras hasta hacerlas coincidir con los grandes ríos, el Rin y el Danubio. Ocurrió también con la Dacia, que fue evacuada en tiempos de Aureliano y reconvertida en la nueva provincia llamada Dacia Aureliana, esta vez a este lado del Danubio.

Hoy el día, aquel Limes Germanicus erigido principalmente por los Flavios y los Antoninos, el de la época gloriosa de Roma, sigue impresionando por la cantidad y calidad de los restos que han sobrevivido al paso de los tiempos. No es de extrañar que fuera declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. ¿Quién sabe? Espero poder hacer alguna etapa un día de estos. De momento me he comprado una completa guía.

Para más información:
- Limeswanderweg.
- Deutsche Limeskommission.

Climbing mountains with the classics

One of the things I like about the Historia Augusta is its imperfection and apparent lack of proportion: some crucial episodes (great wars, conquests, rebellions) are summarized in just a few words, wheras the most trivial anecdote in the life of an Emperor is described in full detail.

The first chapter is about Emperor Hadrian, who ruled the Roman Empire at the time of its highest splendour. It is well known that Hadrian was particularly fond of travelling: in the long years of his reign he visited all provinces, leaving behind an important legacy of buildings, commemorative inscriptions and monuments of all kinds, including statues of himself or his beloved Antinous. In the Historia Augusta we read some accounts of his travels. Let's see an example (De Vita Hadriani, XIII):

Post in Siciliam navigavit, in qua Aetnam montem conscendit, ut solis ortum videret arcus specie, ut dicitur, varium.

(Afterwards he sailed to Sicily, and there he climbed Mount Aetna to see the sunrise, which is many-hued, they say, like the rainblow.) Transl.: David Magie.

So here's a Roman Emperor in the act of climbing a mountain for the sake of it, just to enjoy the views.




Later in the text we read the following (De Vita Hadriani, XIV):

Sed in Monte Casio, cum videndi solis ortus gratia nocte ascendisset, imbre orto fulmen decidens hostiam et victimarium sacrificanti adflavit.

(As he was sacrificing on Mount Casius, which he had ascended by night in order to see the sunrise, a storm arose, and a flash of lightning descended and struck both the victim and the attendant.)

There is something undeniably modern in these pursuits. We tend to think that ancient people just didn't care much about hiking or climbing, and that when they actually climbed a mountain it was because they just had to, for practical reasons. However, it seems that Hadrian sometimes did it for pleasure.

More than a thousand years later, the poet Petrarch (1304-1374) wrote, in his Epistolae Familiares, a letter where he described his ascent to Mount Ventoux, in Provence:

To-day I made the ascent of the highest mountain in this region, which is not improperly called Ventosum. My only motice was to see what so great an elevation had to offer. (link)

Again, an example of early hiking, an appreciation of the pleasure of reaching the summits of mountains and enjoying the views.

A photo of me on Mount Ventoux some years ago.

However, not every writer or historical figure is so fond of rambling. The Russian writer Ivan Gocharov, in his short story Lihaja Bolest (1838), recently translated into Spanish as El mal del ímpetu, openly criticizes this modern trend of walking in the country, describing all those crazy people who just love spending their time on such a trufle occupation. When he wrote this beautiful story, full of irony, Goncharov had in mind his contemporaries, but his comments may as well had been addressed to Hadrian or Petrarch. Who cares? I personally love hiking, and I'm happy to discover that Hadrian, Petrarch and possibly other historical figures shared my hobby.

La Dàcia: conquesta i pèrdua

La Columna Trajana de Roma, tan popular entre els turistes, tan fotografiada des de tots els angles, commemora un dels episodis més notables de la llarga història romana: la llarga guerra de conquesta de la Dàcia. Eren les primeries del segle I d.C. Les fronteres de l'Imperi s'havien eixamplat com mai abans i les legions posaven ordre en les innumerables províncies. L'emperador Trajà, però, no tenia prou amb això i va decidir llançar les seus legions en la que fou la darrera gran campanya de conquesta de l'Imperi.

La història és ben coneguda: durant segles ha estat glossada per historiadors i escriptors de tota mena. El propi Trajà es va encarregar de preservar-ne la memòria de la manera més monumental, encomanant-li al seu arquitecte favorit, Apolodor de Damasc, que construira a Roma un nou fòrum imperial, més grandiós que els anteriors, tot ple d'estàtues del propi emperador i rematat per una basílica com mai se n'havia vist abans i una columna que reflectira la gran gesta. Hui dia queda poc del fòrum i la basílica. S'ha perdutr també el llibre anomenat Dacica on es narraven els fets amb paraules, però ens queda encara eixa columna plena de petits soldats i petites gran batalles.


Entre els escriptors que han recollit aquells fets antics està el gran Santiago Posteguillo. L'altre dia vaig fer la meua visita anual a la Fira del Llibre de València i vaig aprofitar per comprar-me (signat per l'autor) un exemplar de Circo Máximo, on es parla, entre altres coses, de la conquesta de la Dàcia, i tot allò de memorable que hi va haver, inclosa la construcció d'aquell llegendari pont sobre el Danubi, obra també d'Apolodor.

Com deia, eren els temps de major glòria i autoconfiança de l'Imperi. No és d'estranyar que els escriptors li dediquen llargues pàgines. El que no ha obtingut tant de ressò és la segona part de la història, molt més fosca i oblidada. Era l'any 270. En plena època de crisi, l'emperador Aurelià, un dels grans generals de la història romana, va decidir desmantellar la província de la Dàcia i retirar les tropes cap a Moèsia. Aquets episodi és poc conegut. No el commemora cap estàtua ni cap llibre. Però té valor literari, sens dubte. Jo me'n faig ressò en la meua novela.

Historia Augusta

Ya tengo en mis manos los tres volúmenes de la Historia Augusta, editados en la Loeb Classical Library. Es cierto que la edición, de 1911, es ya de dominio público y puede consultarse íntegramente en la página web de Lacus Curtius (link), pero no es menos cierto que estos pequeños volúmenes de tapas rojizas, con su texto bilingüe (a la izquierda en latín, a la derecha en inglés) y su regusto antiguo, se me han hecho al final iresistibles.

La Historia Augusta, escrita quizá en el siglo IV a pesar de que su autor se empeñó en hacerla parecer más antigua, es tan irregular como imprescindible. En muchos casos nos cuenta detalles que no aparecen en ninguna otra fuente, dada la escasez de las mismas para algunos periodos. Vidas de emperadores (desde Adriano hasta Carino), chascarrillos, verdades a medias, episodios artificiosos. Testimonio de una época, reflejo de una manera particular de ver el mundo. Su valor, incalculable.

Le tengo cariño. De aquí poco me pongo a leer sus páginas.

Emergencia nacional

Al grito de "¡Emergencia nacional!" irrumpió Hugo Chávez en la escena política venezolana. Lo que vino después es de sobra conocido.


Años después, los chicos de Podemos, que en el fondo me caen bien, se amparan en una parecida sensación de alarma social para hacer sus propuestas y convencer a su posible electorado, en gran parte formado por jóvenes desencantados, revolucionarios de salón y hippies eternos. Personalmente, creo que no van a triunfar. Se quedarán en un mero bluff, un pequeño partido de izquierdas heredero de los partidos de izquierdas de siempre, con su nicho electoral clásico y previsible. Sólo una verdadera debacle ecónomica, una emergencia nacional de proporciones bananeras les podría dar el triunfo. Esperemos que eso nunca ocurra.

Twin Peaks

Després de vore la primera temporada de Twin Peaks, famosa sèrie televisiva ideada per David Lynch i Mark Frost, arribe a dos conclusions principals:

1. Que no voré la segona temporada.

2. Que les sèries de televisió són merament un producte comercial, i poc més. Als anys noranta, arran sobretot de l'estrena de Twin Peaks, es va posar de moda entre els intelectals la idea que les sèries de televisió podien atansar mèrits artístics més allà de la seua funció d'entreteniment. Ho trobe falaç. És cert que el programa pilot de Twin Peaks promet allò que s'espera d'una bona película, com passa amb altres famoses sèries televisives, però aquesta imprompta inicial es dilueix invariablement en els següents episodis.

Com a producte comercial promogut per les grans productores televisives, l'únic que interessa és allargar la idea inicial per tal de fer un màxim nombre d'episodis i recollir així el màxim de beneficis. Totes les sèries de televisió acaben derivant en una maranya de trames i subtrames en la qual es perd tota unitat o versemblança. Els americans utilitzen el terme "jumping the shark" per referir-se a eixe moment en què tota sèrie de televisió deixa de tenir el mínim de qualitat narrativa, en particular quan s'estiren els arguments i les situacions fins a fer-los insostenibles. A Twin Peaks li passa ben prompte: el nombre de protagonistes es multipliquen sense sentit, i els personatges més o menys reconeixibles es converteixen en esperpents amb més o menys gràcia. Vaig vore l'últim episodi amb total desgana, conscient que allò que se'm proposava era ja un subproducte sense sentit.

Sarcasme

Fa un parell d'anys em van proposar participar en un simposi teatral en qualitat d'autor. Jo, que em veig tan allunyat del món del teatre i l'activitat dramatúrgica, vaig dir que no. ¿Què pintava Tadeus Calinca allí? El cas és que, després d'algunes peripècies, entre elles un concert d'Anna Calvi que em va inspirar un fil argumental per a la meua intervenció, vaig canviar de parer i al final vaig acudir a l'esdeveniment. Ara s'ha publicat un volum (Metodologías teatrales aplicadas a las nuevas dramaturgias contemporáneas; es pot comprar ací) que recull les ponències del simposi, entre elles la que vaig mig improvisar aquell dia: Ah ¿pero el teatro era esto? En el volum s'inclouen també quatre textos teatrals d'autors contemporanis, entre ells la meua obra Sarcasme, en versió valenciana i castellana. Vaig escriure Sarcasme en 1998 a Barcelona. Un any després, a la sala Teatro Círculo de València, es feia una lectura dramatitzada d'aquesta peça curta a càrrec de Teatre de la Lluna, sota la direcció de Víctor Torres.

Hui en dia em sent molt distanciat de Sarcasme i d'altres obres meues. Em consta molt reconéixer-me en aquell impuls que em va dur a escriure-les. Però sempre és una bona notícia que això que alguna vegada s'ha escrit reviscole.

En fi, sembla que va ser bona idea acudir al simposi, encara que fóra a contratemps. El simposi commemorava el desé anniversari de la revista teatral Stichomythia, un projecte que ara s'ha reconvertit en altres coses sota el nom d'Episkenion.  Darrere d'eixes paraules tan helenes i tan difícils de recordar hi ha persones que porten anys esforçant-se per promocionar i mantenir viu el món del teatre a les nostres terres: Josep Lluís Sirera, Rosa Sanmartín, i tants altres. A tots ells, el meu agraïment més sincer.

Dancing in the noir

No cal dir que el cinema negre recrea els estrats més foscos de la societat, un món en blanc i negre poblat per gàngsters, assassins, femmes fatales, policies abnegats i altres personatges que han esdevingut arquetípics. Entre tants crims i tanta sordidesa hi ha poc espai per a la comèdia, tot i que alguns mestres del gènere són capaços d'inserir moments de distensió que aporten un contrapunt lleuger a l'acció. Posats a distendre, ¿què millor que una escena de ball? Tots recordem la famosa escena de Pulp Fiction (1994) en què John Travolta i Uma Thurman, que van fins a les celles de droga, fan el seu ball quasi hipnòtic.


Ja se sap que Tarantino es va formar com a director a base de devorar milers de películes i prendre nota del que havien fet els mestres. Supose que entre les seues fonts d'inspiració està Bande à part (1964), de Jean-Luc Godard, que inclou també una cèlebre escena de ball en un bar. Anna Karina, actriu de mirada angelical, es posa a ballar flanquejada pels seus amics delinqüents.


Bande à part es considera una reelaboració del film noir, allò que en ocasions s'anomena neo-noir. Godard tenia ja una llarga llista de directors dels quals aprendre. Un d'ells podria ser John Huston, un dels fundadors del gènere amb Howard Hawks i el precedent de l'expressionisme alemany. Entre les peces fonamentals de John Huston està The Asphalt Jungle (1950), on trobem també una escena de ball com a contrapunt a la tensió dramàtica. O potser per afegir més dramatisme.


L'escena, com és habitual, transcorre en un bar; en aquest cas, en un típic diner americà dels anys cinquanta. Si es fixen una mica, voran que l'actriu que balla (Helene Stanley), porta el cabell arreplegat amb una vistosa cinta que recorda molt a la que du Anna Karina en Bande à part. ¿Un petit homenatge de Godard al mestre Huston? Jo diria que sí. Film noir, neo-noir, més allà del noir: tota una tradició que recorre el segle XX i part de l'actual i que ha aportat algunes de les peces més reeixides de l'art cinematogràfic.

Burton and Speke: breve reseña

El otro día hablaba de la novela Burton and Speak, de William Harrison. Ahora, una vez leída, llega el momento de reseñarla.

A pesar de que el libro trata un tema tan novelesco y romántico como es el de las exploraciones por tierras africanas en el siglo XIX, el autor se aleja por completo de toda exaltación del héroe o de la proeza. Además, ni siquiera persigue construir profundos análisis psicológicos ni grandes entramados dramáticos. Los párrafos son breves, casi cronísticos; en ellos se narran con toda riqueza de detalles las vivencias de Richard Burton y John Speke, como si se tratara de un informe o una memoria; si queremos bucear en su mundo interior lo tenemos que hacer a través de las breves pinceladas que se nos ofrecen de cuando en cuando. Los personajes actúan. El escritor narra. Debo confesar que los primeros capítulos me resultaron algo farragosos. ¿Qué tenía delante, unos meros anales, un diario en forma de novela? Seguí leyendo a pesar de todo, y me di cuenta de que, poco a poco, la narración se afianzaba y los personajes iban adquiriendo sentido. Hacia la final, la novela alcanza un grado sublime. Lo sabía por la película, que no es más que un fiel reflejo de ese crescendo que acaba atrapando al lector. Qué difícil debe ser abstraerse de toda tentación estilística, de toda trascendencia, y elaborar un producto aparentemente plano que encierra en su interior una inesperada joya literaria. Lo supo ver Bob Rafelson cuando decidió hacer una película basada en la novela. Y lo hizo a lo grande, captando de la manera más sutil los diversos matices de la narración. Ser trascendente en el párrafo breve, en la narración más humilde. Narrar, sin más. Dejar que el lector construya, o reconstruya. Pensar que el lector es también un elemento activo en el proceso. Ser capaz de construir un drama humano sin que a penas se note el artificio literario.
Por último, destacar que la novela tiene detrás un fabuloso trabajo de documentación. El autor de embebió por completo de ambos personajes e indagó hasta el más minúsculo detalle de sus vivencias. Quizá por eso fue capaz de escribir un libro tan fluido y equilibrado. Diría que a veces la grandilocuencia sirve para esconder deficiencias: una documentación escasa, una insuficiente inmersión en los personajes. Nada de eso ocurre en Burton and Speke. Recomiendo su lectura (es una pena que el libro sea tan inencontrable), y también recomiendo la película subsiguiente, The Mountains of the Moon.