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Reseña - Ecos de tinta antigua

Aquí la reseña que Mª Engracia Muñoz-Santos, conocida por su tarea investigadora y divulgadora en historia romana, ha escrito sobre mi libro. Puede leerse en su blog, 'Ecos de tinta antigua'.

Enlace a la reseña.


Todo en lujo que alguien como ella haya leído mi libro y haya tenido el detalle de escribir una reseña. Le estoy muy agradecido.

Mª Engracia tiene otro blog, también muy recomendable, llamado 'Arqueología en mi jardín'. Enlace.

El Sha y yo

En las horas de aburrimiento de mi infancia (eran los años setenta, una época en la que no había Internet, móbiles o consolas de videojuegos), me entretenía a veces hojaeando las revistas que compraba mi madre: Hola, Pronto, Lecturas. Entre los personajes famosos de la época estaba el Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlevi, y su esposa, Farah Diba, que se mostraban a Occidente con una imagen de glamour y de opulencia.


A finales de los setenta, la revolución liderada por Jomeini obligó al Sha y su familia a exiliarse en el extranjero, un exilio del que nunca volvieron a Irán. La prensa del corazón, p.e. el Hola, se hizo eco de esta desgracia que afligía a esta familia que parecía vivir, hasta ese momento, en un cuento de hadas.


Era evidente, ya entonces, que la imagen que el Sha proyectaba de sí mismo, tanto en su país como en el exterior, tenía poco que ver con la dura realidad que tenía que vivir el pueblo iraní bajo su régimen totalitario.

Muchas décadas han pasado desde aquellos acontecimientos de 1979. A mis recuerdos de infancia se ha añadido un sinfín de informaciones e imágenes provenientes de esa parte del mundo que parece en eterno conflicto. El régimen islámico instaurado por el ayatolá Jomeini ha sido sin duda uno de los factores determinantes en la política mundial desde entonces. El Sha parece ahora poco más que un pálido recuerdo de otros tiempos, superado por la historia. Sin embargo, para entender lo que pasó en Irán en aquellos años, y también las consecuencias actuales de todo ello, es necesario adentrarse un poco en esa figura histórica. Últimamente me estoy interesando mucho por todo lo que tenga que ver con el actual Irán o la antigua Persia (quien me siga en Twitter se habrá dado cuenta de ello). Fue así como, por recomendación de un amigo, decidí leerme un libro de Ryszard Kapuściński titulado El Sha (1982) (título original en polaco: Szachinszach).
 

El libro está escrito con brillantez, y con ese estilo inconfundible que hace que leer a Kapuściński sea siempre una experiencia grata. Destacaría sobre todo la inteligencia con la que analiza la realidad histórica, p.e. cuando explica el origen del shiísmo y su implantación en Irán, o cuando describe las causas que propiciaron la caída del Sha y el auge del movimiento islámico. Ideas de aparencia simple pero de gran calado. Una invitación a reflexionar. De hecho, en eso mismo estoy ahora: reflexionando y buscando más lecturas para ahondar en la materia.

Cierto es que ha llovido mucho desde 1982, cuando se publicó el libro. El hecho de que el autor viviera de primera mano aquellos acontecimientos le confiere al texto un valor añadido que difícilmente podría reproducirse de otra manera. Sin embardo, la única crítica que se me ocurre tiene que ver precisamente con el paso del tiempo. Estamos en pleno siglo XXI, la época de la información, del fact-check. Hemos pasado de la famosa biblioteca universal de Borges como idea abstracta a tener esa biblioteca en nuestro bolsillo, gracias a nuestro móvil. Nos hemos acostumbrado a comprobar la información, a buscar fuentes, a corroborar datos como nunca antes habíamos hecho. En ese sentido, echo en falta en el libro de Kapuściński una lista de bibliografía, o referencias concretas. A veces da la sensación de que, cuando proporciona algún dato sobre la historia o la sociedad iraní, no queda claro si se trata de hechos comprobables o, simplemente, de noticias exageradas por el paso del tiempo. Eran otros tiempos. Leyendo el libro ahora podemos suplir esas carencias sin grandes dificultades. Lo que queda intacta, por suerte, es la vigencia de su análisis.

Burton and Speke: breve reseña

El otro día hablaba de la novela Burton and Speak, de William Harrison. Ahora, una vez leída, llega el momento de reseñarla.

A pesar de que el libro trata un tema tan novelesco y romántico como es el de las exploraciones por tierras africanas en el siglo XIX, el autor se aleja por completo de toda exaltación del héroe o de la proeza. Además, ni siquiera persigue construir profundos análisis psicológicos ni grandes entramados dramáticos. Los párrafos son breves, casi cronísticos; en ellos se narran con toda riqueza de detalles las vivencias de Richard Burton y John Speke, como si se tratara de un informe o una memoria; si queremos bucear en su mundo interior lo tenemos que hacer a través de las breves pinceladas que se nos ofrecen de cuando en cuando. Los personajes actúan. El escritor narra. Debo confesar que los primeros capítulos me resultaron algo farragosos. ¿Qué tenía delante, unos meros anales, un diario en forma de novela? Seguí leyendo a pesar de todo, y me di cuenta de que, poco a poco, la narración se afianzaba y los personajes iban adquiriendo sentido. Hacia la final, la novela alcanza un grado sublime. Lo sabía por la película, que no es más que un fiel reflejo de ese crescendo que acaba atrapando al lector. Qué difícil debe ser abstraerse de toda tentación estilística, de toda trascendencia, y elaborar un producto aparentemente plano que encierra en su interior una inesperada joya literaria. Lo supo ver Bob Rafelson cuando decidió hacer una película basada en la novela. Y lo hizo a lo grande, captando de la manera más sutil los diversos matices de la narración. Ser trascendente en el párrafo breve, en la narración más humilde. Narrar, sin más. Dejar que el lector construya, o reconstruya. Pensar que el lector es también un elemento activo en el proceso. Ser capaz de construir un drama humano sin que a penas se note el artificio literario.
Por último, destacar que la novela tiene detrás un fabuloso trabajo de documentación. El autor de embebió por completo de ambos personajes e indagó hasta el más minúsculo detalle de sus vivencias. Quizá por eso fue capaz de escribir un libro tan fluido y equilibrado. Diría que a veces la grandilocuencia sirve para esconder deficiencias: una documentación escasa, una insuficiente inmersión en los personajes. Nada de eso ocurre en Burton and Speke. Recomiendo su lectura (es una pena que el libro sea tan inencontrable), y también recomiendo la película subsiguiente, The Mountains of the Moon.